Se
utilizan los progresos de la biotecnología agrícola para incrementar la
productividad
de los cultivos, especialmente mediante la reducción de los
costos
de producción logrados disminuyendo la necesidad de plaguicidas,
sobre
todo en las zonas templadas. La aplicación de la biotecnología puede
mejorar
la calidad de vida, creando cepas de mayor rendimiento, o que pueden
crecer
en ambientes diversos, lograr una rotación mejor para conservar los
recursos
naturales o plantas más nutritivas, que se conservan mejor cuando
están
almacenadas o están siendo transportadas. Se consigue así un
abastecimiento
continuo de alimentos a bajo costo.
Después
de dos décadas de investigaciones intensivas y costosas, el cultivo
comercial
de variedades transgénicas de plantas ha tenido lugar en los últimos
años
con variedades transgénicas de más de veinte especies vegetales. Las
más
importantes, desde un punto de vista comercial, son el algodón, el maíz, la
soya
y la colza .Los países en que se efectuaron los cultivos incluyen algunos
de
los más importantes productores agrícolas del mundo: Argentina, Australia,
Canadá,
China, Francia, México, África del Sur, España y los EE.UU. Las
características
más frecuentes de las nuevas variedades son la resistencia a
insectos
(algodón, maíz), resistencia a los herbicidas (soya) y maduración lenta de la
fruta (tomate). Las ventajas obtenidas con estos cultivos transgénicos
iniciales
son: mejor control de insectos y malezas, mayor productividad, y un
manejo
más flexible de los cultivos. Los beneficiarios son principalmente los
granjeros
y empresas agrícolas, pero también se benefician los consumidores,
con
la producción más barata de alimentos. Los beneficios más generales a
favor
del ambiente y la sociedad, se reflejan en una agricultura más sostenible
y
mayor seguridad en los alimentos, gracias al uso reducido de pesticidas. Las
combinaciones
que se están probando en economías emergentes incluyen
variedades
resistentes a los virus de melones, papayas, zambo, tomate y
pimientos;
arroz, y tomates resistentes a los insectos; papas resistentes a las
enfermedades,
y ajíes de maduración lenta. También se está trabajando para
utilizar
plantas como el maíz, y el plátano como mini-fábricas para producir
vacunas
y plásticos biodegradables.
Los
posteriores avances de la biotecnología tendrán, probablemente, como
resultado,
cultivos con una amplia gama de características, de entre las cuales
serán
de especial interés para los consumidores las relacionadas con una
calidad
nutritiva superior. Estos cultivos podrían ofrecer beneficios nutricionales
a
millones de personas que sufren de malnutrición y desórdenes deficitarios.
Se
han identificado genes que pueden mejorar la composición de los aceites,
las
proteínas, los carbohidratos y los almidones de granos y tubérculos.
Se
ha incorporado al arroz un gen que produce beta caroteno y vitamina A
(arroz
dorado). Este gen mejoraría la dieta de 180 millones de niños que sufren
deficiencia
de vitamina A, causante de dos millones de muertes anuales. De
modo
similar, la introducción de genes que tripliquen la cantidad de hierro del
arroz
es un remedio posible para la deficiencia de hierro que afecta a más de
dos
mil millones de personas y ocasiona anemia en la mitad.
Los
progresos en tecnología genética pueden ayudar a resolver problemas
médicos,
agrícolas y ambientales de los países pobres. Hasta aquí, los
mayores
esfuerzos privados han sido dirigidos a la introducción de
características
útiles para los productores de países industrializados, porque en
ellos
las compañías pueden recuperar sus inversiones. Se necesitan nuevas
modalidades
que movilicen recursos públicos y privados para que no se deje
atrás
a la gente pobre en la revolución genética.
Un
informe del Consejo Nuffield de Bioética del Reino Unido (1999) concluía
diciendo
que hay un fuerte imperativo moral de hacer posible que las
economías
emergentes evalúen el uso de nuevas biotecnologías, como medios
para
combatir el hambre y la pobreza. La alianza creativa de países en
desarrollo,
centros internacionales de investigación agrícola y sector privado
podría
proveer nuevos medios para compartir y evaluar estas nuevas
tecnologías.
Algunas economías emergentes están realizando inversiones
importantes,
tanto humanas como financieras, con el fin de utilizar los
progresos
científicos para mejorar la provisión de alimentos y reducir la
pobreza.
Las aplicaciones de la biotecnología en agricultura están en su
infancia.
A la mayoría de plantas modificadas genéticamente se les ha alterado
una
sola característica, como, por ejemplo, la tolerancia a los herbicidas o a las
plagas.
El rápido progreso de la genómica puede mejorar la producción de
plantas,
conforme se vayan identificando más genes funcionales. Esto puede
permitir
una exitosa producción de características complejas, como la
tolerancia
a la sequía o a la salinidad, controlada por muchos genes.